Las escuelas matan la creatividad.

Este vídeo es uno de los más divertidos, entretenidos y a la vez enriquecedor e interesante que he tenido el gusto de ver durante los dos años que llevo estudiando la infancia. Habla sobre como nuestros sistemas educativos están realmente anticuado, sobre como los niños y niñas de nuestra sociedad nacen genios y la escuela va matando poco a poco esa genialidad.

EL JUEGO: Una forma de aprender.

Todos en este entorno sabemos reconocer la necesidad que tienen los niños de alimentarse, de dormir o incluso reconocemos que todos los niños deben sentirse queridos y protegido. Pero no somos tan conscientes de que el juego también es una necesidad infantil. Y no solo eso, sino que también es un derecho fundamental, que además está reconocido por los derechos del niño. Pero ¿Son solo los niños/as los que necesitan jugar? ¿Es lo mismo juego que trabajo? ¿Jugando aprendemos?

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Para poder resolver este tipo de preguntas primero tenemos que aclarar cuál es el concepto de juego y sus características.

El juego es un concepto que es muy amplio, y por lo tanto es muy complicado hacer una definición exacta de lo que es. Según la RAE, jugar es hacer algo con alegría y con el solo fin de entretenerse o divertirse. Pero nosotros vamos a indagar más en el concepto de juego y vamos a ver qué características se tienen que dar para que estemos hablando de juego.

La primera de ellas y la que a mí me parece más importante es que el juego se debe de dar como una actividad libre, voluntaria y espontánea. Nadie te puede obligar a jugar, porque si no, no estaríamos hablando de juego.

También tenemos que decir que el juego es una actividad placentera, para el disfrute., como ya dice en la definición expuesta por la RAE (para divertirse). Esto nos lleva a la siguiente característica, que es que se juega sin un fin concreto. El único fin del juego es jugar.

Para los niños jugar es simplemente eso, un juego. Pero es el adulto el que no debe de caer en el error de pensar que el juego es simplemente eso. Jugar es una forma de aprendizaje a la que no se le ha dado el valor que merece. Mediante este los niños/as descubren su cuerpo y adquiere más conocimiento sobre él, comienzan a aprender sobre sí mismos y el espacio. También aprenden leyes físicas, las cuales pueden resultar realmente enrevesadas a cualquier adulto. Entre ellas descubren la relación causa-efecto. Además no hay nada más que ver las caritas de los pequeños/as cuando se encuentran en mitad de un juego, tienen una expresión de concentración. Se abstraen tanto del mundo exterior a su juego que pierden la noción del tiempo y son capaces de repetir la misma acción tantas veces como sea necesario, al igual que un científico experimenta con su hipótesis antes de convertirla en teoría.

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Ahora que hemos definido lo que es el juego y el aprendizaje que genera en los niños/as podemos intuir que no solo los niños juegan. Sino que los adultos también lo hacemos cuando realizamos alguna actividad que nos resulta placentera sin perseguir ningún fin, solo por el hecho de disfrutar de ese momento de placer que nos ofrece.

Es cierto que por la forma de vida que llevamos, los adultos cada vez juegan menos, y esto es lamentable; pero más lamentable es saber que no solo somos nosotros, los adultos, los que jugamos menos, sino que los niños/as de nuestra sociedad juegan muchísimo menos que los de antes. Limitamos sus posibilidades de juego por diversas razones. Decimos que hay demasiado peligro en la calle, y les decimos que mejor jueguen en casa, pero no contentos con limitar su entorno de juego decimos que hacen mucho ruido jugando y les compramos consolas, o los ponemos a ver en la televisión programas que son de todo menos educativos.

Debemos entender que el juego es la forma por la cual el niño conoce e interactúa con el medio que lo rodeo y con las personas que están a su alrededor. Por esta razón no debemos limitar las posibilidades de juego de los niños y niñas de nuestra sociedad, ya que jugando se convertirán poco a poco en adultos competentes que entienden la vida y el entorno que los rodea.

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Si dejamos jugar a nuestros niños y niñas podemos ver una evolución en su juego que como mínimo resultara interesante.

En los primeros meses de los pequeños/as su juego es sobre todo motriz y de interacción social. Estos empiezan a jugar lanzado el chupete, agarrando el biberón, golpeando un objeto que suena… Pero no solo le interesan los objetos inertes, uno de los primeros juegos que tienen los bebes son con las madres, ya que es su mayor punto de interés. Y así se dan los primeros juegos de interacción: “palmitas” “cucú-tras”…

El juego de descubrimiento se da desde muy temprana edad. Cogen objetos de la vida cotidiana y comprueban, experimentan, aprenden las diferentes propiedades, características y funcionalidad que estos presentan.

Posteriormente el juego evoluciona y se convierte en un juego de imitación, en el cual los pequeños/as imitan comportamientos que han visto en los adultos tanto en el entorno familiar como en la escuela infantil.

Hacia los dos años los niños empiezan a poder representar aquello que no está presente, y aparecen juegos como, hacer como que llaman por teléfono con un objeto que nada tiene que ver con un móvil. Poco a poco van apareciendo así los primeros juegos de ficción.

El desarrollo de este juego, no quiere decir que dejen de un lado el anterior, sino que este se transforma y se convierte en uno más complejo.

Lo que empezaba con un juego simple de representación de un acto ficticiamente, se va convirtiendo en un entramado juego simbólico. Así, crece y crece la capacidad de representación y de abstracción de los niños/as y consiguen realizar, ya en pequeños grupos, sinfines de historias y relatos.

A la edad de 6 años aprox, los niños ya son capaces de jugar a juegos más estructurados, con reglas y normas, aquí es donde podemos apreciar los juegos tradicionales. Primero empiezan a jugar siendo “cascaron de huevo”, es decir, juegan pero nunca pierden, para poco a poco ir introduciéndose en el juego de reglas de una forma más influyente. Este fenómeno de “cascaron de huevo” se da porque el niño al principio de esta edad se está deshaciendo poco a poco del egocentrismo característico de estas edades, pero aun no concibe la idea de que él no pueda ser “el mejor” en algo.

En mi experiencia personal, he podido observar la aparición de estos juegos en la infancia de mi entorno, sobre todo los más tempranos y me he dado cuenta de que nada es tan estructurado como queremos creer. Hay niño que desde la edad de 4 añitos son capaces de jugar a  juegos de reglas sin ninguna dificultad, y que sin embargo otros prefieren con 10 años seguir jugando a juegos simbólicos. Todo depende de los gustos de cada niño/a.

Como conclusión quiero decir que me he dado cuenta de que yo también juego en mi vida diaria. Juego, no como niña, sino como adulta. Si jugar es hacer lo que te gusta porque si, cada día en clase juego, porque me encanta lo que hago. Cada día en casa juego, al pasar tiempo con mi familia, al reírnos, al hablar, al abrazarnos…

Por eso tengo que decir, que para mí la diferencia entre juego y trabajo es inexistente. Cuando te apasiona lo que haces cada día, la rutina, la tarea y el trabajo se hace divertida. Y eso es jugar. Como ya hemos dicho anteriormente los niños aprenden jugando y por lo tanto no es justo decir que cuando juegan no están trabajando, porque la realidad es que trabajan todas sus capacidades físicas, cognitivas y afectivas y experimentan y aprenden otras nuevas que van apareciendo. Somos los adultos, los que nos debemos de adaptar a esta forma de aprender y saber observar y evaluar los conocimientos que se van adquiriendo a lo largo del juego. A partir de los acontecimientos que se den esporádicamente en el juego de clase, podremos proponer proyectos y nuevos juegos que les interesen a los chicos/as del aula y así ir avanzando hacia delante.

Jugar es la forma más bonita de aprender a relacionarse con el entorno y con los demás. Pero los adultos nos empeñamos en romper la concentración y el entusiasmo que los niños presentan ante un descubrimiento y los ponemos a hacer fichas individuales que rara vez sirven en la vida cotidiana.

Si dejamos a los niños jugar como ellos quieren, encontrarán las soluciones a los problemas con los que tienen que enfrentarse”

LA COMUNICACIÓN EN LA INFANCIA. Un mundo por descubrir

Ayer me ocurrió una cosa muy interesante. Y es que la gente me dio por una loca. Me vieron por la calle hablando sola, todo el mundo me miraba e incluso algunos pensaban que les hablaba a ellos.

Tengo una sobrina de un año y medio de edad, ella es muy curiosa, le encantan los animales, bailar y jugar sobre todo con su padre. Pero ella aún no sabe hablar, Sin embargo es capaz de decirme cosas tan hermosas, como “mira, ¿Qué son esos colores en el cielo?”, simplemente señalándome a este.

Entonces yo le empecé a contar que aquellos colores tan bonitos que se dibujaban en el cielo en forma de arco era un arcoíris, y que se formaban cuando había llovido y salía el sol…

Seguía yo así caminando por la calle hablándole a mi pequeña de las maravillas que la naturaleza provocaba, ella me estaba escuchando con mucha atención, e incluso participaba en la conversación con sonrisas, señalándome otras cosas que también le parecían curiosas.

Al pasar por al lado de un perro, Andrea se abalanzó para acariciarlo, pero no la deje hacerlo y entonces le explique que no podemos acercarnos a los perros que no conocemos, porque nos podrían hacer daño. Ella respondió con unos pucheros, pero al final comprendió que no podría acercarse y seguimos nuestro camino de vuelta a casa.

Cuando llegamos,  Andrea saludo con un beso a su mama y también a su muñeca preferida. Y yo le conté a su madre las cosas que le había estado contando a su hija. Mientras, Andrea hojeaba las páginas de una revista cualquiera. Al terminar su madre se rio y me dijo que era inútil que hablara de esas cosas a la niña, que no me entendía y que aunque lo hiciese, si no me puede contestar que sentido tenía hablarle. Me destrozaron aquellas palabras, aunque tan solo por un momento, pues Andrea comenzó a chillar y a gritar riendo muy alto y fuerte. Me acerque a ella y entonces me señaló en la revista una fotografía de un paisaje precioso en la que había un arcoíris, después de a mí, se lo enseño a su madre y cuando lo hizo, la cogió de la mano y la llevó a la ventana, señalando al cielo le enseño aquel maravilloso arcoíris que había ayer.

La madre de Andrea nunca más me volvió a decir nada sobre las conversaciones que mantenía con su hija, e incluso, algunas veces, las he escuchado hablando a las dos, desde aquel día que Andrea le enseño que aunque no sepa hablar ella puede expresar lo que siente, lo que ve, lo que descubre. Y además es capaz de comprender las cosas que nosotros les decimos, aunque sea una idea compleja como la aparición de un arcoíris en el cielo.

Los niños/as nos pueden decir cosas maravillosas si nos paramos a escucharlos. Si miramos sus caritas, sus gestos y su mirada, quizás sean ellos los que nos enseñen a nosotros/as cosas nuevas que aún están por descubrir.

Desde que un bebe nace está comunicando como se siente, las cosas que les gusta y las que no, pero nosotros, los adultos, somos, en muchas ocasiones incapaces de pararnos a escucharlos. Los adultos nos creemos superiores a ellos, creemos que los niños/as son seres no tan inteligentes como nosotros, que no se dan cuenta de las cosas. Pero la verdad es que no es que sean igual de inteligentes, es que lo son más. Al encontrarse en un mundo nuevo, tan diferente al que conocían,  son capaces de investigan y descubrir cosas nuevas e innovadoras sobre los objetos y el mundo. Y nosotros nos creemos superiores a ellos simplemente porque esas cosas que ellos van descubriendo nosotros ya lo sabíamos, pero, ¿No es más inteligente el que busca por todos los medios mil soluciones a unproblema, que el que simplemente aplica la respuesta que ya conoce?

Las manos pueden hablan

Las manos es una de las partes más poderosas de nuestro cuerpo. Con ellas podemos hacer que una persona se sienta bien con simplemente tocarle un hombro o darle una caricia, sin embargo, también podemos hacer con ellas verdadero daño si las usamos para agredir. Podemos usarlas para explorar el mundo que nos rodea, el mundo de lo material; pero también podemos con ellas apartar todo lo que nos incomoda a nuestro alrededor. Con las manos somos capaces de crear verdaderas obras de arte, y también de destruir lo que crean los demás o lo que nosotros mismos hemos realizado o conseguido.

Hay muchas formas de usar las manos según tu personalidad, tu cultura y tu estado de ánimo. Así nos encontramos a personas que usan sus manos para acariciar, para abrazar, para animar. Otras las usan para expresar, estas suelen dramatizar cada historia, cada anécdota, cada cosa que nos cuenta. De esta forma consiguen sumergirnos  totalmente en lo que nos cuenta y nos hace sentir protagonistas de la historia. También estas personas suelen captar más rápido la atención cuando nos hablan.

Existen otro tipo de personas a las que no les enseñaron a usar las manos como deberían, son aquellas que usan las manos para golpear, para destruir y herir a los demás. Estas manos ni siquiera son conscientes del mal que hacen con sus actos, simplemente han aprendido a enfrentarse a lo que les disgusta o incomoda de una forma violenta y desafortunada.Niño-pintando-manos1

Las manos sirven para mucho más que para escribir. Las manos pueden hablar, las manos pueden sentir, tocar, acariciar, expresar, llamar la atención, pueden destruir, golpear, expresar rabia, dolor, alegría, sufrimiento. Las manos pueden bailar al son de una canción, pueden escribir poesía en el aire. Las manos sirven para arrancar flores del campo, pero sobre todo también sirven para plantarlas.

Las manos son verdaderas armas que debemos aprender a utilizar, y por eso es muy importante que en educación infantil no solo eduquemos a las manos que escriben, sino también a las manos que hablar, bailar y hacen todas esas cosas que he mencionado antes.

Debemos plantearles a los niños todas las posibilidades que ellos puedan hacer con las manos, para que al experimentar todas las sensaciones que los diferentes actos que hacen con ellas les despierta. De esta forma los niños y niñas sabrán expresar con sus manos todo aquellos que con palabras aun no pueden decir.

También es esencial que nosotros como educadores/a nos eduquemos a nosotros mismos en la expresión de las manos y en general en la expresión corporal. Pues pretendemos trabajar con niños y niñas que no han aprendido aun a comunicarse correctamente con el lenguaje oral, y por lo tanto es con el lenguaje corporal con el que están más familiarizados.

Esto no quiere decir, ni mucho menos, que dejemos de un lado el resto de formas de expresión, ni tampoco  que esta sea la más importante. Pero debemos de tener en cuenta de que esta es una forma de comunicarse más y como tal ha de ser tratada en la educación infantil. Debemos saber que un mal gesto o una mirada puede ser igual de dañina para un niño/a que una mala palabra o una bofetada, por eso debemos de cuidar nuestra expresión corporal con los niños/as.  Debemos de mostrarnos abiertos y receptivo, expresar con la cara, las manos, el cuerpo porque en educación infantil las manos hablan aunque después las queramos dejar mudas

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